Nos solidarizamos con las demandas indígenas y campesinas

La  historia  de  Guatemala  está  colmada  de  sucesos  que  nos  hablan  de  violencia  y  de  acciones indecibles  contra  la  vida  y  la  dignidad  del  ser  humano,  esto  como  evidencia  de  la  degradación social  y  política  a  la  que  nos  han  sometido  sistemáticamente  los  poderes  políticos,  armados  y
económicos. Esos poderes que, con el fin de asegurar sus intereses, no titubearon en convertirnos en una sociedad de odio, intolerancia, irrespeto y abuso.


La firma de la paz en diciembre de 1996, generó grandes expectativas que iban más allá del fin de un largo conflicto armado. Para nosotros supuso, sobre todo, el inicio de una nueva era. Una era para definir un nuevo orden nacional que cambiase las condiciones de convivencia en lo político,
lo jurídico, lo social, lo económico y lo cultural. Sin embargo, a más de 15 años de la firma de los Acuerdos, los avances son mínimos y la frustración se manifiesta en el ánimo de los guatemaltecos y en la desatención de sus demandas.

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